Frente a los desafíos del sector energético, el gobierno de Neuquén ha dialogado con la industria petrolera para impulsar programas de becas, priorizar el empleo neuquino y solicitar grandes inversiones en infraestructura local.
Ante la falta de apoyo financiero del gobierno nacional, el gobernador Rolando «Rolo» Figueroa intensificó las gestiones con empresas petroleras en Vaca Muerta para sostener el crecimiento de la provincia. En reuniones recientes, el mandatario negoció acuerdos que incluyen la creación de becas especializadas en energía, la priorización de mano de obra local y compromisos de inversión en infraestructura crítica, como gasoductos y redes logísticas. «No podemos detenernos por la desidia de otros; Neuquén avanza con sus propios recursos y alianzas», afirmó Figueroa.
Los proyectos buscan mitigar el impacto de la escasa participación de la Nación en el desarrollo de Vaca Muerta, yacimiento clave para la matriz energética argentina. Las empresas, según el gobierno provincial, aceptaron incrementar su aporte en formación técnica y mejorar la conectividad vial para agilizar la producción. Además, se establecieron cuotas de empleo para residentes neuquinos, una demanda histórica de sindicatos y comunidades. «Esto no es solo extracción, es una oportunidad para industrializar la provincia», sostuvo el gobernador.
Sin embargo, las críticas no se hicieron esperar. Sectores opositores y organizaciones sociales cuestionan que la estrategia dependa excesivamente de capitales privados, lo que, advierten, podría condicionar políticas públicas. También exigen controles más estrictos ante riesgos ambientales y reclamos por la precarización laboral en el sector. Figueroa defendió el modelo: «Trabajamos con responsabilidad, asegurando que cada inversión se traduzca en bienestar para los neuquinos».
Con Vaca Muerta como eje, Neuquén se consolida como un caso atípico en un país con tensiones fiscales recurrentes. Mientras el gobierno provincial celebra su autonomía para gestionar recursos, analistas destacan el desafío de equilibrar crecimiento extractivo con desarrollo social inclusivo. La apuesta de Figueroa, aunque audaz, enfrenta el reto de sostener el ritmo sin respaldo nacional y en un contexto global de volatilidad energética.





