La caída del precio internacional del crudo, impulsada por tensiones en la política global, impacta en las cuentas de las provincias petroleras. Pero el efecto no es igual para todas: Río Negro, con menor producción y mayor dependencia de regalías, siente más el golpe. Neuquén, que duplica en volumen al resto de la cuenca, logra amortiguar mejor la crisis.
La reciente caída del precio internacional del petróleo, provocada en parte por la incertidumbre política global y decisiones económicas de Estados Unidos, afecta de manera desigual a las provincias productoras. Mientras Neuquén logra sostener su economía gracias al alto volumen de producción y a una mayor diversificación de ingresos, Río Negro enfrenta un escenario más complejo y restrictivo.
En la provincia rionegrina, la dependencia de las regalías petroleras para sostener parte del presupuesto se hace más evidente ante el desplome de los precios. A diferencia de Neuquén, cuya capacidad de producción duplica al resto de la cuenca, Río Negro cuenta con una matriz más limitada, lo que reduce sus márgenes de maniobra ante contextos internacionales adversos.
Funcionarios del gobierno provincial reconocen que, si bien los ingresos siguen llegando, el ajuste es inevitable. La administración se ve obligada a revisar partidas y redefinir prioridades, en un contexto donde las inversiones también se desaceleran y la incertidumbre complica la planificación de nuevos proyectos vinculados a la industria.
En contraste, Neuquén transita esta misma crisis con mayor estabilidad. Su alto nivel de producción, sumado al posicionamiento de Vaca Muerta como enclave estratégico, le permite amortiguar el impacto con mayor solidez. Aún así, las autoridades neuquinas también monitorean de cerca la situación, conscientes de que la volatilidad internacional puede modificar cualquier proyección en el corto plazo.
La crisis del crudo pone en evidencia las diferencias estructurales entre provincias que, aunque comparten el recurso, no enfrentan el mercado desde las mismas condiciones. Para Río Negro, el desafío está en sostener el equilibrio fiscal sin sacrificar desarrollo; para Neuquén, en preservar su liderazgo sin perder de vista la fragilidad del contexto global.





