La experta italiana lideró la restauración más compleja del arte renacentista, corrigiendo el deterioro causado por el tiempo y la técnica experimental de Leonardo.
Pinin Brambilla Barcilon, reconocida restauradora italiana, emprendió en 1977 la monumental tarea de devolver el esplendor a “La Última Cena” de Leonardo da Vinci. Durante más de dos décadas, trabajó meticulosamente para rescatar la obra, afectada por siglos de deterioro y restauraciones fallidas.
El mural, pintado entre 1495 y 1497 en el convento de Santa Maria delle Grazie en Milán, sufrió daños debido a la técnica experimental de Leonardo, quien utilizó óleo sobre yeso seco en lugar del tradicional fresco. Esta elección provocó que la pintura comenzara a deteriorarse poco después de su finalización.
Brambilla y su equipo sellaron la sala para evitar la entrada de polvo y suciedad, e insertaron cámaras diminutas para analizar las capas de pintura. Trabajaron en pequeños fragmentos de 5 x 5 cm, enfrentando la fragilidad de la pintura original y la robustez de las capas superpuestas.
A lo largo de 21 años, Brambilla corrigió los errores de restauraciones anteriores y enfrentó críticas de expertos en arte. Su dedicación permitió recuperar la humanidad y el carácter de los apóstoles representados por Da Vinci, devolviendo a la obra su esencia original.
Pinin Brambilla falleció en 2020, dejando un legado invaluable en la conservación del patrimonio artístico. Su trabajo en “La Última Cena” es considerado una de las restauraciones más significativas del arte renacentista.





