La aprobación del proyecto por parte de la Legislatura rionegrina consolida la gestión del gobierno provincial en el desarrollo hidrocarburífero nacional. Aunque los efectos significativos se verán a largo plazo, la construcción del nuevo oleoducto representa una oportunidad histórica para transformar la economía de la provincia y proyectarla en el escenario energético internacional.
La aprobación del nuevo oleoducto que conectará Vaca Muerta con puertos exportadores marca un paso decisivo en la estrategia energética de Río Negro. Con una inversión de alto impacto, esta obra permitirá mejorar la logística de transporte de crudo, potenciar la infraestructura existente y dinamizar la economía regional. En este marco, la provincia se posiciona como un nodo estratégico dentro de la cadena de valor hidrocarburífera del país, con beneficios directos para diversas localidades del Alto Valle y la región atlántica.
Si bien los efectos estructurales se proyectan hacia 2035, ya se perciben los primeros indicios del cambio: comienzan las obras, se generan puestos de trabajo y aumenta la demanda de servicios en zonas clave. También se anticipa una valorización de tierras a lo largo del trazado, lo que plantea nuevos desafíos de planificación urbana y sostenibilidad ambiental. Con esta iniciativa, Río Negro no solo apuesta a fortalecer su matriz productiva, sino también a consolidar un crecimiento ordenado, con equilibrio territorial y responsabilidad social.
De cara al futuro, la provincia enfrenta la oportunidad de convertirse en un polo energético con proyección global. La clave estará en su capacidad de gestión: articular desarrollo económico con cuidado ambiental y equidad territorial será fundamental para que esta infraestructura no se limite a ser una gran obra, sino el punto de partida de una nueva etapa de crecimiento sustentable para toda la región.





