En Tierra del Fuego, la población de perros asilvestrados ha aumentado de manera desmesurada en los últimos años, afectando gravemente la actividad ovina y obligando a muchos productores a reconvertir sus métodos de trabajo para proteger su ganado. Un reciente estudio advierte que en las principales localidades de la provincia —Ushuaia, Río Grande y Tolhuin— existen aproximadamente 25.500 perros sin supervisión.
En Tierra del Fuego, la presencia de perros asilvestrados se ha convertido en un problema crítico para la fauna y la producción agrícola de la región. Imágenes virales de ovejas desangradas, guanacos heridos y vacas con mordeduras reflejan la magnitud de la situación, que no sorprende a los habitantes locales. El biólogo y fotógrafo Emiliano Arona ha utilizado sus redes sociales para visibilizar esta problemática, que afecta a casi el 70% del área productiva de la isla. Muchos productores ovinos han debido reconvertir su actividad hacia la ganadería bovina debido al aumento exponencial de estos animales, cuyo avistamiento en el corazón de la isla creció un 1000% en los últimos cinco años.
Desde 2018, Arona viene investigando el fenómeno como parte de su doctorado en el Conicet, con el apoyo de cámaras trampa instaladas en distintas estancias de Tierra del Fuego. Sus estudios muestran que las manadas de perros asilvestrados recorren grandes distancias, atacan a la fauna local y causan daños significativos sin perseguir necesariamente la alimentación, comportándose como carroñeros oportunistas. La presión sobre la ganadería ovina ha sido tal que muchos productores han reemplazado las ovejas por bovinos, más resistentes a los ataques, consolidando un cambio productivo en amplias zonas del ecotono fueguino.
El crecimiento de la población de perros asilvestrados ha tenido un impacto ecológico notable. Al no existir pumas en la región, estos perros han desplazado a otros depredadores como el zorro colorado y el zorro gris, y atacan a guanacos y cauquenes que anidan en el suelo. Arona destaca que el fenómeno no es reciente, sino que ha ido en aumento durante décadas, y que hasta hace poco había información muy limitada sobre su extensión, densidad y comportamiento.
La legislación local reconoce el problema desde 2017, con la ley 1146 que declara al perro cimarrón como especie exótica e invasora, y la creación de un Comité de Seguimiento para el control de sus poblaciones. Sin embargo, los estudios muestran que la población de perros continúa en expansión, especialmente en el bosque de ñire, que se ha convertido en un refugio ideal para estos animales, incluso después de que muchas ovejas fueran retiradas del ecotono.
En las tres principales ciudades de la isla —Ushuaia, Río Grande y Tolhuin— se estima que hay al menos 25.500 perros sin supervisión, conocidos como sueltos o callejeros, con densidades que varían de 18 a casi 30 perros por kilómetro cuadrado. A diferencia de la Patagonia continental, donde los perros suelen moverse entre áreas urbanas y rurales, en Tierra del Fuego se han establecido de manera permanente en zonas rurales y naturales.





