Cada septiembre, Puerto Madryn se transforma en el hogar de las ballenas francas australes. Este año, la temporada alcanzó un récord histórico con más de 2.100 ejemplares, consolidando a la Península Valdés como uno de los destinos naturales más impactantes del mundo.
Con el cambio de estación, no sólo arriban las ballenas: pingüinos, lobos y elefantes marinos también encuentran en la zona su hábitat ideal. Desde la playa El Doradillo, a tan solo 13 kilómetros del centro, es posible observar a los gigantes del mar nadando a pocos metros de la orilla.
De acuerdo con el monitoreo aéreo realizado por el Laboratorio de Mamíferos Marinos del Cesimar-Conicet, este año se contabilizaron 77 grupos de cópula, 381 individuos solitarios y 826 madres con crías. Las cifras superan ampliamente los registros de temporadas anteriores: 1.468 ejemplares en 2024 y 1.237 en 2023.
Los avistajes también se viven de cerca con las navegaciones que parten desde Puerto Pirámides, a 94 kilómetros de Madryn. Durante dos horas, botes semirrígidos se acercan con cautela a los cetáceos, que suelen regalar saltos, coletazos y hasta cantos. Seis empresas ofrecen esta excursión, con un costo que ronda los $125.000 por persona. Otra alternativa es el Yellow Submarine, un semisumergible que permite ver a las ballenas a través de ventanales bajo el nivel del agua, como si se estuviera buceando junto a ellas.
La península también invita a la aventura con programas de kayak en el golfo San José. Las propuestas varían entre salidas de medio día y travesías de una semana completa, que combinan remo, campamentos en playas solitarias y trekkings entre fósiles y formaciones geológicas.
Puerto Madryn, así, vuelve a confirmar su lugar como capital argentina de la naturaleza, donde cada primavera el mar y la tierra se unen para ofrecer un espectáculo inolvidable.





