La protagonista de Viudas negras y Las hijas recordó sus inicios llenos de dudas y trabajos ajenos a la actuación. Con humor habló de la culpa, de su familia y de cómo recién a los 30 pudo vivir de lo que más le apasiona.
Antes de convertirse en una figura destacada del teatro y la televisión, Gamboa trabajó en YPF Serviclub entregando premios y vivió la incertidumbre de no saber si podría dedicarse a la actuación. “Mi mamá estaba preocupada porque no sabía de qué iba a vivir”, confesó en diálogo con Infobae.
En 1998 se presentó al ingreso del Conservatorio de Arte Dramático, pero fue rechazada tras una prueba de canto y danza. “Me deprimí mucho porque pensé que no había otro lugar donde estudiar teatro”, recordó. Finalmente, se inscribió en el Centro Cultural Rojas y allí encontró la vocación que la marcaría.
Su recorrido académico incluyó años de Letras en la UBA, aunque la intensidad de los ensayos y funciones la alejó de la universidad. “Fantaseo con terminar la carrera algún día, siempre tuve a la literatura como un faro”, explicó.
Hoy, a los 45 años, Gamboa combina la televisión, el cine y el teatro con proyectos colectivos como Piel de Lava y El Silencio. Reconoce que el humor es su forma de sobrevivir y que aún le cuesta sacarse de encima la timidez inicial. “Cuando hago reír, siento que estoy en el lugar correcto”, afirmó





