La provincia activó un operativo permanente de monitoreo por el riesgo extremo de nuevos focos ígneos. La sequía prolongada y la actividad eléctrica elevan la amenaza, mientras brigadistas neuquinos colaboran en el combate del fuego en Chubut.
Neuquén atraviesa un escenario crítico por la falta de precipitaciones, con ríos y arroyos en niveles mínimos históricos. Las autoridades advirtieron que la vegetación se encuentra extremadamente seca, lo que convierte a pastizales y montes en combustible de rápida propagación ante cualquier chispa.
Frente a este contexto, el gobierno provincial dispuso vuelos constantes de avistaje con aeronaves de la Policía de Neuquén. Equipos técnicos recorren áreas de difícil acceso para detectar columnas de humo y anticipar focos que puedan surgir tras tormentas eléctricas.
El riesgo no termina con la lluvia: los rayos pueden generar incendios que se manifiestan hasta 72 horas después del impacto. En algunos casos, el fuego queda latente de forma subterránea o en grandes plantas antes de emerger en superficie, lo que exige controles sostenidos.
El sistema de monitoreo se apoya además en cámaras y satélites para identificar puntos calientes en tiempo real, con especial atención en las zonas sur y centro de la provincia, donde se registró mayor actividad eléctrica en los últimos días.
En paralelo, Neuquén envió una brigada especializada a Puerto Patriada, en Chubut, para colaborar en la primera línea de combate y la protección de viviendas. A pesar del despliegue interprovincial, se mantiene una guardia mínima en territorio neuquino ante posibles emergencias locales.





