Ante la paralización de obras a nivel nacional, el gobierno de Río Negro, encabezado por Alberto Weretilneck, avanzó con una iniciativa propia para garantizar el suministro de gas a la Universidad Nacional de Río Negro en Bariloche. La medida responde a una necesidad concreta de infraestructura energética que había quedado inconclusa, afectando el normal funcionamiento de la institución y las condiciones de estudio.
La decisión se inscribe en un contexto más amplio en el que la provincia busca sostener proyectos estratégicos frente al retiro del Estado nacional. En este caso, la conexión de gas no solo mejora las condiciones edilicias, especialmente en una ciudad con bajas temperaturas, sino que también impacta directamente en la calidad educativa, al permitir el desarrollo de actividades académicas sin restricciones vinculadas al clima.
Desde el gobierno provincial se presenta la obra como una respuesta pragmática y urgente, pero también como una señal política de compromiso con la educación pública. La intervención apunta a cubrir vacíos de financiamiento y ejecución, priorizando inversiones que consideran esenciales para el desarrollo local y el bienestar de la comunidad educativa.
Al mismo tiempo, esta acción refuerza la tendencia de mayor protagonismo provincial en la gestión de infraestructura, aunque plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de asumir obras que exceden sus competencias. Río Negro, al igual que otras provincias, empieza a redefinir su rol frente a un escenario nacional más restrictivo, combinando necesidad operativa con posicionamiento político.





