Desde el inicio de su mandato, uno de los ejes centrales fue reducir la dependencia de los fondos nacionales y fortalecer los ingresos propios. En ese camino, Neuquén avanzó en una política de ordenamiento que permitió sostener el funcionamiento del Estado sin recurrir al endeudamiento, incluso en un escenario de menor asistencia por parte del gobierno nacional.
El resultado de esa estrategia es un superávit financiero sostenido, que no solo garantiza previsibilidad, sino que también habilita la ejecución de obras públicas con recursos provinciales. La gestión priorizó el gasto en infraestructura, educación y salud, mientras aplicó recortes en áreas consideradas no esenciales, en línea con el objetivo de eliminar privilegios y mejorar la eficiencia del Estado.
Además, se implementaron medidas de control del gasto y optimización de recursos, lo que permitió mantener el equilibrio sin afectar la prestación de servicios básicos. En este sentido, desde el Ejecutivo destacan que el orden fiscal no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para impulsar el desarrollo y reducir desigualdades estructurales.
En un escenario nacional de ajuste y retracción de fondos, la experiencia neuquina se presenta como un caso de gestión que apuesta a la autonomía financiera y a la planificación a largo plazo. Así, pese a las restricciones externas, la provincia continúa mostrando cuentas ordenadas y capacidad de inversión, consolidando un modelo que busca sostenerse en el tiempo.





